Ruta a La Llambria (Taranes)

La ruta para subir a La Llambria es una ruta lineal que parte desde el pueblo de Taranes, ubicado dentro del Parque Natural de Ponga en Asturias. El camino no…

La ruta para subir a La Llambria es una ruta lineal que parte desde el pueblo de Taranes, ubicado dentro del Parque Natural de Ponga en Asturias. El camino no está señalizado salvo en 3 o 4 puntos mediante marcas de pintura roja en las rocas. Aparcamos el coche antes de entrar a Taranes, en una pequeña zona que hace las veces de parking donde entran 4 o 5 coches según como se aparque (ubicación del aparcamiento). Si no hubiese sitio, habría que aparcar en el pueblo.

Precaución: No realizarla si sabemos que va a haber mucha nieve y no disponemos del material y experiencia adecuados. Lo mismo si hace mucho calor y no disponemos de agua suficiente. Hay una fuente pero no todo el mundo consigue localizarla.

Datos de interés

Dificultad: Moderada
Distancia: 15-16km
Duración: 6-8 horas
Desnivel acumulado: 1200m aprox.

Descargar mi track de la ruta desde Wikiloc

Desarrollo de la ruta a La Llambria

La ruta arranca desde el mismo sitio donde hemos aparcado, siendo también el punto inicial para subir al Tiatordos, como así lo indica una señal al inicio del camino.

A los pocos metros del inicio aparece un desvío a la izquierda, pero nos mantendremos a la derecha, con dirección a la Foz de la Escalada.

Camino Derecha

Hay que tomar el camino de la derecha

 

El camino está en buenas condiciones, aunque posiblemente si estuviésemos en otras fechas (nosotros realizamos la ruta en mayo), estaría bastante más resbalizado.

Camino hacia la foz

En dirección a la Foz de la Escalada

 

Durante la ascensión hacia la Foz de la Escalada, fueron varias las veces que hubo que girar la vista atrás, ya que el paisaje era espléndido, pudiendo apreciarse el bonito pueblo de Taranes y el Cornión.

Pueblo Taranes

Pueblo de Taranes mientras ascendemos

 

Nos adentramos por fin en la Foz de la Escalada, cruzando por encima de un puente de piedra, y el sonido del río Taranes empieza a acompañarnos durante la ascensión.

Puente Foz

Puente a través del cual nos adentramos en la Foz de la Escalada

 

Si ya de por sí es espectacular, había numerosas caídas de agua que nos acompañaron en nuestro paso entre la peña Taranes y el pico Monteagudo.

Cascada

Una de las caídas de agua a nuestro paso por la Foz de la Escalada

 

Echando la vista atrás nuevamente, podemos contemplar a lo lejos el macizo del Cornión en Picos de Europa, y además nevado, una pasada. Si nos fijamos bien, también se puede ver abajo a la izquierda el pequeño pueblo de Tanda.

Macizo del Cornión

Macizo del Cornión y Tanda

 

Una vez dejamos atrás la Foz de la Escalada, seguimos cogiendo altura por la constante pendiente y vemos que el camino es el correcto por el punto rojo en la roca.

Ascension

Punto rojo en la roca que indica que vamos bien

 

Continuamos subiendo hasta llegar a una zona que parece cerrada por un pastor. Un poco más arriba pudimos comprobar que así era, el pastor fue con la única persona que nos cruzamos durante todo el día y, hablando con él, nos pidió por favor que cuando estuviésemos ya de vuelta, que no nos olvidásemos de cerrar la portilla porque sino se le escaparían las vacas. Aunque nos llamó “turistas” jeje se lo perdonaremos…

Puerta pastor

Saltando la portilla puesta por el pastor para que no se escape el ganado

 

Con el Campigüeños de fondo, seguimos ganando altura acercándonos poco a poco a la Majada Piegüe, sabiendo que en algún momento tendremos que girar a la derecha para tomar dirección a La Llambria.

Hacia la Majada con el Campigüeños de fondo

Hacia la Majada Piegüe con el Campigüeños de fondo

 

Empieza a aparecer la nieve, que ya no nos abandonaría hasta llegar arriba, bastante abundante para la fecha en la que hemos realizado la ruta. De camino a la Majada Piegüe nos vemos obligados a parar para fotografiar la peña Soancio y, como no, detrás el Tiatordos.

Tiatordos

Tiatordos

 

Finalmente llegamos a la Majada Piegüe, completamente nevada, con su cabaña principal y un fresno delante, que seguro que en verano da una buena sombra para parar a comer y beber algo. Hay restos de otras construcciones pero ya muy abandonadas. En este punto decidimos ponernos ya las polainas porque la nieve estaba bastante alta.

Majada Piegüe

Majada Piegüe

 

Como la nieve cubría el camino, no teníamos una referencia clara para seguir y la verdad que como el día anterior había estado nevando, el terreno resbalaba por culpa de que debajo también había barro, pero continuamos hacia nuestro objetivo.

Camino Nevado

Camino resbaladizo con mucha nieve

 

Conseguimos llegar a una zona más favorable, el Colladín de Mediovalle reconocible por su lago y empezó a apreciarse detrás de la montaña algo de niebla a lo lejos.

Collain Mediovalle

Colladín Mediovalle con su lago

 

La cantidad de nieve era cada vez más grande y en cada paso el pie se hundía unos 20-30 centímetros, obligándonos a ir en fila para aprovechar las pisadas del que iba delante.

Mas Nieve

El pie se hundía unos 20-30 centímetros en cada pisada

 

Tras el pequeño repecho, nos encontramos con la Fuente Fonfría, donde solo hicimos la foto ya que teníamos suficiente agua en la mochila. Si esto llega a ser en verano, otro gallo hubiese cantado…

Fuente Fonfría

Fuente Fonfría

 

Sabíamos que la cima no se veía casi hasta que estuviésemos encima, pero no podía quedar mucho, así que seguimos peleando contra la nieve y el barro en un último arreón.

Grupo foto vistas

Foto de grupo desde las alturas con vistas impresionantes

 

Y, después de unas 3 o 4 horas de ascensión, a lo lejos vemos el caseto que marca la cima de La Llambria. Una pena que entrase la niebla ya que nos hizo perdernos parte de las impresionantes vistas que hay desde arriba.

La Llambria a lo lejos

La Llambria a lo lejos

 

Hora de la comida, merecida por cierto. Pero antes…foto de cima.

Cima La Llambria

Cima La Llambria

 

Y no podía irme de allí sin sacar una foto en la que se apreciase la impresionante caída vertical que hay desde La Llambria hacia el valle, de al menos 300 metros.

Caida vertical desde La Llambria

Caida vertical desde La Llambria

 

La vuelta fue más o menos por el mismo sitio por el que subimos aunque en algunos tramos no seguimos exactamente los mismos pasos, ya que como dije anteriormente, por culpa de la nieve el camino estaba escondido. Aunque no hubo ningún problema para bajar, volviendo a pasar por la Majada Piegüe y disfrutando nuevamente del paso por la Foz de la Escalada.

Camino de vuelta

Camino de vuelta

 

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Ruta Cascada Guanga y Peña el Castiello

La ruta para llegar a la Cascada Guanga y después continuar a Peña el Castiello se inicia desde San Andrés, un pueblo al lado de Trubia en Asturias y se…

La ruta para llegar a la Cascada Guanga y después continuar a Peña el Castiello se inicia desde San Andrés, un pueblo al lado de Trubia en Asturias y se puede hacer de tal forma que sea circular.

Precaución: Si ha llovido mucho, la zona puede estar muy embarrada y resbaladiza y, por lo tanto, resultar peligrosa si se decide ir con niños.

Datos de interés

Dificultad: Muy fácil
Distancia: 4-5km
Duración: 2-3 horas
Desnivel acumulado: 300m aprox.

Descargar mi track de la ruta desde Wikiloc (por despiste puse a grabar la ruta cuando ya habíamos empezado, pero el recorrido es circular y sin pérdida siguiendo lo que describo a continuación)

Desarrollo de la ruta a la Cascada Guanga y Peña el Castiello

En San Andrés hay varios sitios en los que podemos dejar el coche, tanto en la recta principal (cómo llegar con Google Maps) como cerca del antiguo lavadero (Google Maps).

Aparcamiento en San Andrés

Aparcamiento en San Andrés

 

Para llegar al inicio de la ruta (Google Maps), hay que salir del pueblo caminando por la carretera por la que hemos llegado (dirección Trubia), hasta que encontramos un desvío a la izquierda que nos introduce en un camino donde ya aparece la cascada señalizada en un poste de la luz.

Inicio Ruta Cascada Guanga

Inicio ruta Cascada Guanga

 

A partir de este punto comienza la ascensión que nos llevará a la Cascada Guanga, y por el camino podremos ir viendo bastantes cosas interesantes. Desde construcciones antiguas que parecen abandonadas…

Construccion al inicio de la Ruta

Construcción al inicio de la ruta

 

…hasta llamativos árboles que parecen tallados a mano.

Llamativo árbol mientras ascendemos

Llamativo árbol mientras ascendemos

 

Hay muchos baldosines que nos indican que el camino que estamos siguiendo está dentro de la Ruta del Oso (no confundir con la Senda del Oso que discurre por los Valles de Proaza, Quirós, Santo Adriano y Teverga).

Baldosin que nos indica que vamos por la Ruta del Oso

Baldosín que nos indica que vamos por la Ruta del Oso

 

También, en algunos puntos de la subida, podemos ver marcas en los árboles y en las piedras que indican el camino hacia la Cascada Guanga. Pronto comenzamos a escuchar el ruido del agua que nos acompañará todo el tiempo.

Indicaciones hacia la Cascada Guanga

Indicaciones hacia la Cascada Guanga

 

Antes de alcanzar la Cascada Guanga, se pueden ver otras cascadas más pequeñas que nos ponen en aviso de que cada vez estamos más cerca, moviéndonos todo el rato entre robles, castaños y hayas.

Cascada que nos encontramos antes de llegar a la Cascada Guanga

Cascada que nos encontramos antes de llegar a la Cascada Guanga

 

Y, por fin, tras saltar unos cuantos troncos y piedras con cuidado de no resbalarnos, llegamos a la Cascada Guanga, que no decepciona, con una altura de más de 20 metros y que baja con mucha agua.

Cascada Guanga

Cascada Guanga

 

Desde allí, podemos continuar hacia la Peña el Castiello, pasando antes por un molino abandonado y otras ruinas.

Molino Abandonado

Molino abandonado

 

Por el camino, entre los árboles, podemos ver en la lejanía Peña el Castiello. No es muy alto, unos 380 metros de altitud, pero las vistas del Valle del Trubia prometen ser muy bonitas.

Peña Castiello entre los árboles

Peña Castiello entre los árboles

 

En menos de 20 minutos se llega a la cima, que destaca por tener una cruz bastante peculiar de algo más de 2 metros forrada con espejo y a sus pies un Belén de cumbres, además del típico buzón.

Cima de Peña Castiello con la cruz de espejo y San Andrés de fondo

Cima de Peña Castiello con la cruz de espejo y San Andrés de fondo

 

Desde la cima pudimos ver un gran grupo de imponentes buitres sobrevolando la zona. Algunos pasaban realmente cerca.

Buitres en el cielo desde la cima

Buitres en el cielo desde la cima

 

Las vistas del valle desde la cima son impresionantes, pudiendo ver los pueblos cercanos y el río Trubia.

Valle Del Trubia

Valle Del Trubia

 

Al bajar de la cima, tomamos el camino de la derecha que nos llevaría de vuelta al pueblo. Estaba bastante embarrado y, en muchos tramos, bajaba abundante agua, pero con un poco de cuidado no hay ningún problema.

Camino de bajada embarrado y con agua

Camino de bajada embarrado y con agua

 

Una vez que llegamos abajo, el camino se junta con el mismo que tomamos para iniciar la ruta y, siguiendo de nuevo la carretera, volvemos al pueblo donde tenemos el coche, cruzando el río Trubia, que tiene un llamativo árbol justo en medio en una especie de islote.

Árbol en un "islote" en el Río Trubia

Árbol en un “islote” en el Río Trubia

 

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Días 13 y 14: Último día en Tailandia

El último día en Tailandia amaneció como todos los anteriores, con el cielo azul y el sol pegando fuerte. Pero en Tonsai parece que brilla de otra forma, debido a…

El último día en Tailandia amaneció como todos los anteriores, con el cielo azul y el sol pegando fuerte. Pero en Tonsai parece que brilla de otra forma, debido a la sensación de aislamiento y tranquilidad.
Sabíamos que el viaje de vuelta iba a ser duro, pero no comenzaba hasta la noche, así que aún teníamos tiempo para aprovechar un poco más.

En Tonsai Beach se respira la calma

En Tonsai Beach se respira la calma

 

Después, la ruta que tendríamos por delante sería longtail de Tonsai Beach a Ao Nang – taxi de Ao Nang al aeropuerto de Krabi – vuelo de Krabi a Bangkok – vuelo de Bangkok a Delhi – vuelo de Delhi a Madrid – coche de Madrid a Asturias, que con las esperas y escalas correspondientes supone más de un día viajando.
Nada más levantarnos fuimos a la playa directos a darnos un baño para aprovechar el último día en Tailandia. Estaba casi vacía y aún había poco movimiento de barcos, por lo que la sensación de tranquilidad era máxima. Poco a poco iban llegando los escaladores y los curiosos nos acercábamos a mirar.

Columpio con vistas

Columpio con vistas

 

Casi sin darnos cuenta llegó la hora de regresar al hotel y dejar la habitación. Por el camino pudimos comprobar el ruido ensordecedor que viene de los árboles. Creemos que producido por insectos como el de la foto.

Bichitos ruidosos

Bichitos ruidosos

 

Como aún teníamos tiempo antes de irnos, decidimos tomar algo y comer en el bar de la playa disfrutando de las vistas y de la atmósfera del sitio.
Llegó el momento de partir. La única forma posible era hacerlo en alguno de los taxi boats, o sea longtails, que hay al final de la playa. Nos acercamos hasta allí y nos comentaron que para ir a la playa de Ao Nang deberíamos esperar a que hubiese 8 personas interesadas. Nosotros éramos 5 y, como no queríamos esperar, pagamos lo de 8 y nos fuimos. El precio por persona eran 100 bahts (menos de 3€), así que pagamos 800 bahts (algo más de 20€) por salir de allí.
Las vistas de la que íbamos a Ao Nang, una vez más, eran espectaculares. Vimos que había alguna mini playa escondida solo accesible con kayak o padel board.

Mini playa escondida

Mini playa escondida

 

Al llegar a Ao Nang, la sensación fue la de una playa demasiado turística, pegada a la carretera y con un montón de puestos, cafeterías, restaurantes y compañías de tickets para excursiones o transporte a zonas cercanas. Estuvimos un rato sentados allí y comentábamos el gran acierto que había sido ir a Tonsai Beach.

Último día en Tailandia en Ao Nang

Último día en Tailandia en Ao Nang

 

En nuestro último día en Tailandia aprovechamos para comprar los últimos detalles, tomar un café y partir al aeropuerto de Krabi, a 40 minutos de distancia. El precio de la furgoneta fueron 600 bahts (unos 15€) entre los 5. El conductor que nos llevó, fue el que más irregularidades cometió al volante de todos los que nos han llevado. Se saltó semáforos en rojo, adelantó por los arcenes, hizo cambios de carril constantemente y usaba el móvil. Al final conseguimos llegar sanos y salvos.
Llegamos con bastante tiempo y tuvimos que esperar un rato a que abriesen el mostrador para poder facturar la maleta del vuelo a Bangkok. El avión salió con retraso de 1 hora aproximadamente, pero no nos importó, ya que en Bangkok tendríamos que esperar unas 8-9 horas, y teníamos margen más que de sobra. Al llegar cenamos y, después, fuimos a buscar un sitio donde al menos pudiésemos estar cómodos. La espera fue dura, pero hubo tiempo para una cabezada.

Tirados en el aeropuerto de Bangkok

Tirados en el aeropuerto de Bangkok aprovechando el final del último día en Tailandia

 

En el resto de vuelos nada que destacar, fueron puntuales y llegamos a Barajas a la hora prevista. Luego, recogimos el coche en el parking de larga estancia, por el que pagamos un poco más de 60€ por 14 días y afrontamos la última parte del viaje hasta Asturias por carretera, la más dura de todas por tener que conducir de noche y con tanto cansancio acumulado.
Se agradecerían unos días de descanso después de unos días tan ajetreados, pero el lunes toca volver a la oficina. Eso sí, volvemos con muchos recuerdos y aventuras que durarán para siempre.

 

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Día 12: Tonsai Beach (Krabi)

El final del viaje se acercaba y cambiaríamos de destino por última vez, esta vez a Tonsai Beach, una zona de Krabi que solo es accesible por mar. Como aún…

El final del viaje se acercaba y cambiaríamos de destino por última vez, esta vez a Tonsai Beach, una zona de Krabi que solo es accesible por mar.
Como aún teníamos las motos, a primera hora fuimos a comprar los tickets del ferry de Koh Lanta a Railay, en Krabi. Luego tendríamos que buscar el modo de ir desde allí a Tonsai. Los precios que ofrecían en las agencias eran similares. Por 500 bahts (unos 13€) cada uno te llevaban hasta allí y, además, incluían la recogida en el bungalow y transporte hasta Sala Dan Pier, el puerto en Koh Lanta.

Muelle Sala Dan en Koh Lanta

Muelle Sala Dan en Koh Lanta

 

Una vez solucionado el transporte, aprovechamos las pocas horas que nos quedaban en la isla en la piscina del bungalow. Pronto vinieron a recogernos, y en la furgoneta viajaba una pareja de españoles con los que fuimos charlando. Nos contaron que Koh Lipe, una isla que estuvimos barajando visitar hasta el último momento, parecía un estercolero y que olía “a perro mojado” y que Koh Lanta estaba muchísimo mejor. Nuestra impresión sobre Koh Lanta fue muy buena, con un turismo moderado y playas limpias, así que considero un acierto haber pasado allí 3 días.
Una vez en el puerto, hay diferentes puestos según la compañía con la que se hubiese contratado. Buscamos nuestra compañía, Lanta Sununtha Travel & Tour, y como el barco haría dos paradas en dos zonas, según a cual fueses te ponían una pegatina con el nombre, Railay o Ao Nang. Y un color.

Billete Koh Lanta - Railay con la compañía Lanta Sununtha Travel & Tour

Billete Koh Lanta – Railay con la compañía Lanta Sununtha Travel & Tour

 

Una vez que tuvimos la pegatina puesta, solo quedaba esperar. Había mucha gente y reinaba ligeramente el descontrol. No había ningún cartel para indicar qué barco deberíamos tomar y solo nos dimos cuenta cuando varios trabajadores de allí empezaron a gritar “Railay, Ao Nang”.
Al ir subiendo, íbamos dejando las maletas a la entrada mientras las iban apilando en la cubierta. En la parte de dentro, había asientos bastante cómodos y también contaba con aire acondicionado.

Interior del ferry

Interior del ferry

 

Nos llamó la atención que la camareras de la pequeña cafetería que había a bordo, no hablaban ni un poco de inglés y no eran capaces tan siquiera de decir el precio.
El trayecto duró unas 2 horas y, por el camino, se iban atisbando formaciones rocosas. Faltando poco para llegar, salí a la cubierta y pude volver a ver de nuevo peces voladores mientras contemplaba las curiosas formas de los islotes.

Llegando a nuestro destino

Llegando a nuestro destino

 

La primera parada fue la nuestra, Railay. A unos cuantos metros de la costa, nos fueron bajando del ferry a una barca más pequeña, con la que sí podrían dejarnos en la orilla. Una vez en la arena, pudimos comprobar que era una zona bastante turística. Mucho ajetreo de longtails, bastante gente haciendo kayaking y padel board, una calle principal con muchas tiendas y restaurantes…
Pero ese no era nuestro destino, afortunadamente, ya que debíamos llegar a Tonsai. En el mapa parece que está al lado y que se puede llegar fácilmente caminando, pero no es así. La forma más rápida de llegar es coger un taxi boat que tarda 5 minutos y cuesta 50 bahts (algo más de 1€) por persona. Existe la posibilidad de caminar entre la vegetación, pero con las mochilas y el calor que hacia, no era la mejor opción. Tonsai es un mundo distinto pese a estar pegado a Railay y solo separado por algo de vegetación. La sensación de tranquilidad es inmensa y no está masificada como su vecina. Mucha gente de la que está allí, lo hace para escalar las inmensas paredes de las formaciones rocosas que hay allí.

Tonsai Beach desde el agua

Tonsai Beach desde el agua

 

Desde la arena, solo se ve un bar y la entrada a un resort y para llegar al resto de resorts o alojamientos, es necesario cruzar un camino de tierra lleno de cocoteros y monos, y pasar un muro usando dos escaleras de bambú.

Palmeras en el camino de la playa al resort

Palmeras en el camino de la playa al resort

 

Escalera de bambú para cruzar el muro que separaba la zona donde estaba el resort del resto

Escalera de bambú para cruzar el muro que separaba la zona donde estaba el resort del resto

 

Una vez pasado al otro lado del muro, se pueden encontrar varios sitios para desayunar y comer y algún que otro bar, y hay muchas gallinas sueltas. El muro tiene frases y dibujos en toda su extensión que reflejan la filosofía de vida que se respira allí dentro.

Relájate...estás en Tonsai Beach

Relájate…estás en Tonsai Beach

 

Llegamos al resort que habíamos elegido, Dream Valley, para nuestra ultima noche en Tailandia y nos llamó la atención su gran piscina, con dos niveles y una especie de cascada. Las habitaciones estaban bien pero entre las 10 de la mañana y las 5 de la tarde cortaban la electricidad.
Después de dejar las cosas fuimos a bañarnos a la playa y pudimos ver que los monos del camino estaban a lo suyo y no se acercaban.
Desde el agua, las vistas son impresionantes mires donde mires y poder ver rocas de ese tamaño mientras los escaladores practican y entrenan en la parte baja y sin barullo de fondo es un privilegio.

Recomendación: Visita Tonsai Beach

Recomendación: Visita Tonsai Beach

 

Cuando nos cansamos de la playa, fuimos a la piscina, y después a cenar a un restaurante cercano, en el que pudimos cenar de milagro ya que llegamos a 5 minutos de que cerrasen la cocina (cerrabana  las 21.30) y nos metieron bastante prisa.
Al lado había un bar donde el DJ pinchaba música reggae de contínuo y, después de cenar pasamos por allí. Tenía un slackline entre dos árboles, varias casetas de madera y durante la noche, varias personas de allí, exhibieron sus habilidades haciendo malabares con barras que tenían fuego en sus extremos, girándolas y cambiándolas de mano al ritmo de la música.
Hubo tiempo para conocer a gente que estaba de paso, entre ellos un grupo de Eslovenia y un catalán que se había ido 4 meses y ya llevaba recorridos Vietnam y Laos y gran parte de Tailandia.

 

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Día 11: Tour de las 4 Islas

Nuestro tercer día en Koh Lanta estaba reservado para realizar el Tour de las 4 Islas, una excursión organizada que consiste en visitar unas islas cercanas en el mar de…

Nuestro tercer día en Koh Lanta estaba reservado para realizar el Tour de las 4 Islas, una excursión organizada que consiste en visitar unas islas cercanas en el mar de Andamán, a una hora aproximadamente de distancia hacia el sur, donde se realiza snorkel y también se entra en la Cueva Esmeralda. El trayecto se realiza en un longtail boat, las típicas barcas de madera que suelen llevar entre 10 y 15 personas aproximadamente. La habíamos reservado el día anterior a un precio de 800 bahts (21€) por persona.

Long tail boat amarrado en la isla Ko Ngai

Long tail boat amarrado en la isla Ko Ngai

 

Pasaron a recogernos a las 8 de la mañana por el bungalow. Luego fuimos a por más gente, en total éramos 13 personas, y llegamos a la zona donde se embarcaba un poco antes de las 9 de la mañana. Todo fue bastante rápido y casi sin darnos cuenta ya estábamos iniciando el Tour de las 4 Islas. Llama la atención como llevan los motores descubiertos, lo rudimentarios que parecen y el ruido que emiten, bastante molesto al principio aunque con el paso del tiempo, la brisa y las vistas, casi consigue hipnotizarte.

Siempre me pregunto cómo sería viajar a un sitio así de niño y cómo serían los recuerdos de mayor

Siempre me pregunto cómo sería viajar a un sitio así de niño y cómo serían los recuerdos de mayor

 

El último pedazo de tierra firme que vimos antes de empezar a ver solo mar en el horizonte fue el faro del Parque Nacional de Mu Ko Lanta que visitamos ayer. A partir de ahí, fue el mar de Andamán y nosotros. Alguna pequeña embarcación a lo lejos, pero nada más.

Navegando por el mar de Andamán

Navegando por el mar de Andamán en nuestro Tour de las 4 islas

 

Al rato, empezaron a aparecer a lo lejos formaciones rocosas, alguna de ellas, islas de las que visitaríamos y otras islas más lejanas.
Las dos personas que llevaban la embarcación no hablaban nada de inglés y tampoco intentaban comunicarse mucho con nosotros, solo lo justo, por lo que salvo Ko Mook que es la isla que tiene dentro la Cueva Esmeralda y Ko Ngai, que fue la isla en la que comimos, las otras 2 en las que paramos a hacer snorkel no sabría decir cuáles eran con seguridad.

Isla a lo lejos

Isla a lo lejos

 

Realizamos la primera parada, de unos 30 minutos para hacer snorkel en la primera isla que nos encontramos. Era una formación rocosa en la que no habitaba nadie. La verdad que no había muchos peces, pero alguno sí vimos, aunque el agua no era cristalina 100%. Los colores de los peces no eran excesivamente vivos, salvo unos amarillos y azules. En esa islas también había una mini cueva muy pequeña a la que entramos por nuestra cuenta, pero no había nada interesante que ver dentro.

Cueva en la primera isla en la que nos detuvimos

Cueva en la primera isla en la que nos detuvimos

 

La segunda parada la realizamos en la isla Ko Mook. En esta isla sí había concentración de gente, ya que allí está la Cueva Esmeralda (Morakot Cave), un gran reclamo turístico, el más grande de este Tour de las 4 islas. Me llamó la atención la gran cantidad de personas asiáticas que había y la forma en la que visitaban la cueva. Mientras que a los occidentales nos tiraban al agua con un chaleco salvavidas y nos indicaban la zona de entrada, a los asiáticos les llevaban a todos juntos con chalecos y amarrados a una cuerda, en fila de a uno.

Cueva Esmeralda (Morakot Cave) masificada

Cueva Esmeralda (Morakot Cave) masificada

 

Otra cosa que nos llamó la atención a todos es la poca seguridad que se apreciaba. Nos soltaron en el agua, nos indicaron por donde se entraba y ya. La oscuridad en el camino por la cueva era casi total, salvo alguna luz frontal de alguno de los “guías”. La cueva se abrió ante nosotros espectacular, recordando bastante a la playa de Gulpiyuri en Asturias, pero la cantidad de gente que había desvirtuaba un poco el momento. Se podía leer en un cartel, escrito en inglés con muchos errores, la historia de la cueva. Explicaba que, en el pasado, los tailandeses iban allí por los nidos de los pájaros y que, más adelante, fueron los piratas los que iban allí a esconder sus tesoros. El barullo era considerable y lo único que apetecía era irse de allí. Por suerte, los dos grupos de asiáticos que había se fueron y pudimos disfrutar de unos minutos algo más tranquilos.
Después, nuestro guía nos aviso para volver al barco. De vuelta, dentro de la cueva, pasamos al lado de uno de los grupos de asiáticos y mientras les adelantábamos no nos quitaban ojo, no se muy bien porqué. El contraste justo antes de salir al exterior fue muy bonito por el color del agua y el reflejo de la luz.
En el barco habían cortado sandía y anana para recuperar fuerzas. Desde allí, nos dirigimos a nuestra tercera parada, en la isla Ko Ngai. Paramos en un largo arenal llamado Long Beach, y el agua era cristalina totalmente. Además, desde la orilla se podían ver las islas cercanas por las que habíamos pasado.

Flotando en Long Beach en la isla Ko Ngai

Flotando en Long Beach en la isla Ko Ngai

 

Para comer, habían preparado arroz y de acompañamiento curry verde y también verduras cocidas. Nos dijeron que estaríamos allí una hora aproximadamente, y al acabar de comer fuimos al agua.

Muiles del Cantábrico en el mar de Andamán

Muiles del Cantábrico en el mar de Andamán

 

Volvimos a subir al barco para ir a nuestro último destino antes de volver. Nos llevaron a otra isla en la que había otras dos embarcaciones como la nuestra y nos dieron otros 30 minutos para hacer snorkel. Aquí si pude ver algún pez más. Los más interesantes unos de color claro y muy alargados y finos, de unos 30-40 centímetros, pero no me tiré al agua sin la cámara y no pude hacerles foto.

Aguas cristalinas para practicar snorkel

Aguas cristalinas para practicar snorkel

 

Nos avisaron para volver al barco y, desde allí, ya solo quedaba el camino de vuelta a Koh Lanta, de algo menos de 1 hora, disfrutando nuevamente de las vistas y el entorno.

Pillado mirando a la nada

Pillado mirando a la nada durante el Tour de las 4 islas

 

Me dormí sentado durante un rato y cuando desperté, ya casi habíamos llegado. Hubo tiempo eso sí, para ver un llamativo pez volador, que parecía que corría por el agua. Buen punto y final para este Tour de las 4 islas.
Nos recogieron para llevarnos de vuelta al bungalow y decidimos alquilar nuevamente las motos del día anterior para poder movernos con total libertad.
Como se acercaba la hora de la puesta de sol, decidimos ir a verla desde uno de los bares de la playa cercana al bungalow. Fuimos al Blue Bailey, con cojines en la arena para poder estar tumbados. Aprovechamos también para cenar algo allí mismo y volvimos a casa para darnos una ducha y salir a tomar algo más tarde. Supuestamente, siguiendo la regla de que cada día por la noche la gente se reúne en un punto de la playa, fuimos al bar que ponía el panfleto que hay en los Seven Eleven, que casualmente era el mismo en el que habíamos estado durante la tarde, pero casi no había gente, así que decidimos caminar un poco por la arena y paramos en otro bar muy tranquilo para terminar el día antes de volver a dormir.

 

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Día 10: El paraíso…Koh Lanta

Lo bueno de tener alojamiento con piscina, es que puedes darte un baño nada más levantarte. Así se empieza el día de otro forma, y si es en Koh Lanta,…

Lo bueno de tener alojamiento con piscina, es que puedes darte un baño nada más levantarte. Así se empieza el día de otro forma, y si es en Koh Lanta, pues mejor.

Despertar de manera diferente

Despertar de manera diferente

 

Tocaba visitar el Parque Nacional Mu Koh Lanta, situado en la parte más al sur de la isla, así que después del baño, fuimos a alquilar unas motos. 5 scooters para el día completo, por 200 bahts (sobre 5€) cada uno, y dejando un pasaporte como fianza. Nunca había conducido una moto hasta este momento y la verdad que tenía ganas y nervios a la vez. El depósito lo entregan casi vacío, así que tuvimos que ir a rellenarlo primero. Lo hicimos en un surtidor bastante precario al lado de nuestro bungalow, pero luego vimos que en muchos puestos venden la gasolina en botellas de bebidas alcohólica por 35-50 bahts (alrededor del 1€) el litro, dependiendo de la zona de la isla.

Respostando "las mochillo"

Repostando “las mochillo”

 

Con el depósito lleno, fuimos al Seven Eleven a comprar algo para desayunar y también algo de comida por si nos entraba el hambre después.
La carretera al Parque Nacional no tiene pérdida, es seguir todo recto sin desviarte hasta que llegas a la entrada. La forma de conducir en Tailandia es bastante caótica y, especialmente en Koh Lanta. La carretera parece la jungla, entre obras, falta de señales, carriles inventados…

Se conduce por la izquierda y lo más recomendable es ir pegado al arcén y vigilando lo que viene, ya que a veces se hacen adelantamientos peligrosos. Aún así, te acostumbras rápido y te adaptas a su conducción.
Por el camino, paramos varias veces en playas que íbamos viendo, todas vacías o casi vacías y nos llamó la atención que había muchas señales relacionadas con los tsunamis y cómo actuar en caso de que llegase uno.

Carretera hacia el sur de la isla

Carretera hacia el sur de la isla

 

Cerca ya de la entrada al parque, vimos una especie de lagarto que ocupaba casi la mitad de la carretera, lo cual fue impresionante, pero se metió rápido al arcén y desapareció.
En el puesto que hay a la entrada del parque se saca la entrada. Cuesta 200 bahts (unos 5€) la entrada y 20 bahts (50 céntimos de €) más si quieres entrar con la moto y también venden gasolina. Hay bastantes carteles que indican que no se debe alimentar a los monos.

Entrada del Parque Mu Koh Lanta

Entrada del Parque Mu Koh Lanta

 

Lo que más llama la atención del parque son las vistas desde la zona del faro. Se pueden apreciar dos playas, una de piedra y otra de arena y abundante vegetación, por donde se puede hacer un trekking de unas 2-3 horas.

Vistas del parque desde la zona del faro

Vistas del parque desde la zona del faro

 

Una vez vista esa zona, nos dimos un baño en la playa y vimos los primeros monos. Dejamos nuestras cosas juntas y no muy desperdigadas ya que habíamos oído que los monos podrían cogerlas y llevárselas. Aún así, en un momento que nos alejamos para ver de cerca a unos monos que estaban en un árbol, otro fue a intentar llevarse algo de una de las mochilas. Conseguimos echarlo antes, pero ya había abierto la mitad de la cremallera. Una pareja que había allí, no tuvo tanta suerte y los monos les quitaron algunas cosas y no eran capaces a recuperarlas.

Playa muy tranquila salvo por los monos

Playa muy tranquila salvo por los monos

 

Después del baño exploramos la zona y llegamos al inicio del trail que había dentro del parque, pero era demasiado largo y preferimos gastar el tiempo en ver otras playas de Koh Lanta.
Volvimos a por las motos y fuimos en busca de otras playas, aunque antes paramos a comer en un bar que había pegado a la carretera con vistas a una playa, la Bamboo Beach.

Bamboo Beach desde las alturas

Bamboo Beach desde las alturas

 

Comimos y fuimos a conocer Bamboo Beach, ya que la habíamos estado viendo mientras comíamos desde el restaurante y parecía muy tranquila para darnos un baño. Tener una moto en esta isla es fundamental y da una libertad tremenda. Las playas tienen muchos cangrejos ermitaños y en el momento que te empiezas a fijar no puedes parar de verlos. Lo único malo de las playas es que las rocas cortan bastante y casi todos nos hicimos alguna herida.

Disfrutando de Bamboo Beach

Disfrutando de Bamboo Beach

 

Dimos un pequeño paseo por la playa y fuimos en busca de otra. Nos detuvimos en la playa Long Beach y nos sentamos en las sillas de un bar para estar a la sombra. Allí estuvimos un par de horas tranquilamente entre baño y baño, hasta que se acercaba la hora del anochecer y decidimos ir a verlo a otra playa distinta. Nos fuimos a una un poco más alejada al norte, Phra Ae Beach y nos sentamos en la arena pra ver como poco a poco se fue escondiendo el sol.

Puesta de sol en Phra Ae Beach

Puesta de sol en Phra Ae Beach

 

Luego nos fuimos directos a casa a ducharnos para ir a cenar y tomar algo. Antes de eso, hablamos con la persona de la recepción de nuestro bungalow para reservar el Tour de las 4 Islas. Llamó a una empresa local y dijo que nos pasarían a buscar a las 8 de la mañana. El precio fueron 800 bahts (21€) por persona.

Descrubrimos que, en Koh Lanta, la zona para salir por la noche cambia en función del día y está indicada en los mapas de la ciudad que se pueden encontrar en el Seven Eleven. Además, el camino hacia el sitio, que suele estar en la playa, lo indican con velas a ambos lados del camino. El bar que tocaba era el Pangea, pegado a la playa. Al llegar vimos que había bastante gente y sonaba música electrónica. Allí estuvimos un rato hasta que decidimos ir a dormir ya que al día siguiente íbamos a ir a visitar varias islas de la zona.

 

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