Salimos del hotel en dos coches de Uber directos al aeropuerto internacional de Chiang Rai, donde cogeríamos el avión con dirección a Phuket, pensando que nuestra llegada a Koh Lanta iría sobre ruedas, aunque luego descubrimos que llegar no era tan sencillo.
Lo primero que nos llamó la atención fue que al cruzar la puerta del aeropuerto, inmediatamente había un control de seguridad.

Control de seguridad nada más cruzar la puerta del aeropuerto

Control de seguridad nada más cruzar la puerta del aeropuerto

 

Lo segundo, que al ir a por la tarjeta de embarque, nos la dieron en una especie de ticket de la compra. Y, por último, que en la sala de espera antes de subir al avión, había una zona reservada con asientos de madera para monjes y nobleza.

Tarjeta de embarque en formato ticket de la compra

Tarjeta de embarque en formato ticket de la compra

 

Viajamos con la compañía Thai VietjetAir y el trayecto duró algo más de 2 horas.

 

Cómo fue nuestra llegada a Koh Lanta

Nada más aterrizar en Phuket, después de recoger las mochilas, pasamos por la zona de las compañías de transporte para ver cómo podríamos ir desde Phuket a nuestro destino Koh Lanta.
Nos acercamos a un puesto que ponía “Tourist Information” sobre fondo negro, les dijimos que íbamos destino Koh Lanta, y únicamente nos ofrecieron la posibilidad del coche (nos enseñaron la imagen y parecía muy nuevo), en concreto un coche grande para 5-7 personas, por 5000 bahts (unos 132€) en total. La posibilidad del ferry destino Koh Lanta no nos la ofrecieron porque ya era tarde, el ultimo salía a las 13:30 y había que cogerlo en el puerto, que estaba a unos 30-40 minutos del aeropuerto y no nos daría tiempo a llegar.

Aunque pongan "Información Turística", solo van a intentar venderte viajes

Aunque pongan “Información Turística”, solo van a intentar venderte viajes

 

Al salir, nos esperaban con nuestro nombre en un papel para llevarnos al coche, pero al verlo nos dimos cuenta que nos habían engañado un poco, ya que es cierto que entrábamos los 5 pero bastante justos y el coche estaba en un estado regular, con las ruedas en muy mal estado. De hecho, durante el trayecto destino Koh Lanta, el conductor se bajo varias veces a revisarlas.

Coche en el que nos llevaron de Phuket a cerca de Koh Lanta

Coche en el que nos llevaron de Phuket a nuestro destino Koh Lanta

 

Conseguimos meternos con todas las mochilas en el coche, sabiendo que el trayecto iba a ser incómodo, y que duraría entre 3 y 4 horas.

Como sardinillas enlatadas

Como sardinillas enlatadas

 

Para añadirle más emoción a la ya “divertida” conducción por Tailandia, el conductor iba constantemente usando el móvil. Incluso tuvo una videollamada en el trayecto, en la que saludamos al hombre que estaba al otro lado del teléfono y tuvimos que grabarlo para que al volver nos creyesen y poder reírnos recordándolo.
Hicimos una parada a la mitad del camino para comer algo y al volver a la carretera empezó a diluviar, para añadirle aún más emoción al trayecto. Paró pronto, pero al rato volvió a caer bastante agua de nuevo. Todos los días que hemos visto llover, ha sido así. Lluvias muy fuertes durante poco tiempo. Finalmente, llegamos al lugar donde nos dijeron que nos dejarían, el puerto Hua Hin.

Puerto Hua Hin donde nos abandonaron a la aventura

Puerto Hua Hin donde nos abandonaron a la aventura

 

Allí sacamos el ticket del ferry por 20 bahts cada uno (unos 50 céntimos de €). No nos pidieron ni documentación ni nos dijeron dónde colocarnos. Lo que no sabíamos aún era que al cruzar al otro lado, no habría ninguna posibilidad de conseguir un taxi, un tuk-tuk o similar.

Billete del ferry

Billete del ferry

 

Esperamos unos 15-20 minutos hasta que llegó el barco y salió todo el mundo. Nosotros fuimos los únicos que entramos caminando y nos colocamos en una especie de pasarela para personas, aunque en realidad se podía ir donde se quisiese, entre los coches y las motos por ejemplo. Allí nadie decía nada.

Ferry con destino Koh Lanta

Ferry con destino Koh Lanta

 

Tardamos unos 10 minutos en pasar de un lado al otro y, al llegar, fue cuando nos encontramos con que no había casi nada. Íbamos pensando en encontrar un taxi o algo similar, pero no veíamos nada.

Llegada a Koh Lanta

La “nada” al pasar al otro lado

 

De repente, un coche bastante grande se paró a mi lado y el hombre que lo conducía bajó la ventanilla y me preguntó que adónde íbamos. Al decirle que íbamos en busca de un taxi, se rió y me dijo que era imposible en esa zona, que él nos llevaría y que además lo haría gratis.
Obviamente accedimos y fuimos hablando con él todo el camino. Nos contó que ya se había fijado en nosotros en el ferry y que se iba preguntando cómo íbamos a hacer para ir hasta la ciudad. Nos dijo que él también había sido un extranjero en otro país, cuando vivió en Estados Unidos y que sabía lo que eso significaba y que por eso quería ayudarnos. Nos comentó también que tenía varios bungalows en algunas zonas de Tailandia y nos invitó a pasar de visita al que tiene en Koh Lanta.

Después de preguntar a varias personas, consiguió dejarnos en la misma puerta de nuestro bungalow. Da gusto encontrarse con gente así y estamos muy agradecidos.
Una vez que dejamos las cosas en las habitaciones, nos fuimos caminando hasta la playa más cercana.

Oscureciendo en Koh Lanta

Oscureciendo en Koh Lanta

 

Acababa de oscurecer y todo estaba lleno de mosquitos. Nos sentamos en las hamacas de uno de los bares, a la luz de una hoguera y se podían ver todas las estrellas.
Para acabar el día, fuimos a cenar a un restaurante vegetariano, el Happy Veggie. Lo de dentro de la piña es arroz con verduras y fruta. Impresionante.

Como dice una persona que conozco cada vez que prueba una comida nueva..."mi nueva comida favorita"

Como dice una persona que conozco cada vez que prueba una comida nueva…”mi nueva comida favorita”

 

Aunque por error trajeron cosas que no habíamos pedido, estaba todo buenísimo. El mango con sticky rice estaba buenísmo.

Mi nuevo postre favorito

Mi nuevo postre favorito

 

Antes de ir a dormir, nos dimos un baño en la piscina y no parábamos de escuchar ruidos de animales. El más llamativo y sonoro, el de una rana atrapada en alguno de los conductos de la piscina, que lo hacía retumbar y que solo se escuchaba por las noches.

Estrenando la piscina

Estrenando la piscina

 

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